
Suede
26/11/2010
Sala Razzmatazz
Barcelona
Jorgehipster
Las reuniones de grupos de los noventas están a la orden del día. Para nadie es un secreto que las razones son las ventas cada vez menores de discos y que un buen talón de cheques sobre la mesa es estímulo suficiente para animar a más de un rockero (que creyó egocéntricamente mantener el mismo nivel de vida con su carrera como solista) a volver a verse las caras con sus antiguos compañeros con los que vivió tiempos gloriosos aparte de más de un desencuentro. A las ya anunciadas giras de reunión de Stone Temple Pilots, Soundgarden y Pulp. A comienzos de este año nos enteramos que Suede (sin Bernard Butler) haría lo mismo, en principio actuando sólo en un concierto en el Royal Albert Hall de Londres. Finalmente el grupo puntero de lo que fue el Brit Pop, se animó a realizar una mini gira por Europa cuyo inicio sería la sala Razzmataz de Barcelona. La cita la tuvimos el pasado viernes por la noche y aunque no había nuevo disco de por medio, sí que se sentía una gran añoranza de volver a ver sobre el escenario a una de las bandas más importantes de los noventa.
Llegué poco antes de la hora anunciada, la sala Razzmatazz estaba abarrotada por un público mayoritariamente treintañero que esperaba impaciente. A los pocos minutos apareció la banda siendo, evidentemente, Brett Anderson el último en salir, quien con paso decidido y seguro de la ovación que recibiría se encargó de activar la máquina del tiempo con ‘This Hollywood life’, fue suficiente para despertar la euforia en la sala. Richard Oakes estaba a su izquierda con la cabeza gacha, concentrado en los riffs de guitarra que sonaban impecablemente distorsionados. A su derecha Neil Codling miraba al público y tranquilamente acompañaba con la guitarra a Oakes, un poco más atrás Matt Osman movía la cabeza y saltaba eufóricamente, más atrás Simon Gilbert remecía la sala con cada batacazo.
He ido a muchos conciertos pero debo decir que pocas veces he visto uno que desde la primera canción te veas irresistiblemente arrastrado a gritar ensordecedoramente. No tenía ninguna duda que el concierto sería un repaso de himnos de una generación perdida, pero lo que vino después con ‘She’, ‘Trash’ y ‘Filmstar’, fue suficiente para saber que aparte de no dar tregua, la formación de Suede del ‘Coming Up’, estaba en plena forma y sonaba apabullante. Cuando tocaron ‘Aninal Nitrate’ ya la sala era una locura, estábamos en el 93 y éramos más canallas que ahora. Mientras Anderson se movía sensual y provocadoramente, sus movimientos eran rápidos y su voz hipnótica, nos convencía para dejarnos llevar por su contagioso baile, parecía sonreír para si mismo, sabiendo lo que conseguía, cientos de almas experimentando una catarsis colectiva, vasos de cerveza volaban por los aires, cánticos emocionados por doquier, y entonces no era sólo por el dinero. Era un reencuentro con un tiempo añorado y tantas veces acariciado, tal vez una deuda pendiente por aquellos malos momentos, pero seguramente una forma vehemente de amar al espectáculo, una sorprendente capacidad de emocionar al público. Luego el ‘Head Music’ tuvo su momento con ‘Electricity’, ‘Can’t get enough’ y la magnífica ‘Everything will flow’; las pinceladas más sobresalientes de un disco sensiblemente inferior en calidad a los tres primeros. El momento más sereno del concierto vino con la melancólica ‘By the sea’ donde Codling acompañó sobrecogedoramente en los teclados a la voz de Anderson. Cuando empezábamos a recuperar el aliento, volvimos a perder la cordura y esta vez irreversiblemente. ‘So young’ ,’Metal Mickey’, ‘Killing of a flash boy’ y ‘The wild ones’ se sucedieron y, escalofríos en todo el cuerpo, como en sus grandes noches, Suede venía a reclamar lo suyo, a recordar la sordidez seductora de sus composiciones iniciales. La parte final mantuvo el nivel en lo más alto con ‘The drowners’ y ‘The beautiful ones’ tras la cual Anderson se despidió agradeciendo a una entregada audiencia. Su expresiva sonrisa esta vez hablaba de satisfacción, en sus ojos se leía una adicción irrefrenable por un reconocimiento ganado a pulso de vibrar con, y hacer vibrar a, miles de personas. El reclamo generalizado de una canción más por parte del público se vio recompensado con ‘Saturday night’ donde Razzmatazz acabó siendo un mar de brazos que iban de una dirección a otra y aunque era viernes en la noche quedó la nítida sensación que había sido una noche memorable, una noche en la cual nos reencontramos con un viejo amigo al que no veíamos hace tiempo y que aunque no tenga prácticamente nada nuevo que decirnos, el revivir los mejores momentos de nuestra relación fue lo suficientemente edificante para saber que lo necesitamos cerca. Quizás la próxima vez tenga incluso novedades, en todo caso, estaré ansioso por saberlas.