Arxiu perAltres móns delirants

Visites sense guia: el turó de la Rovira

Santi Gorostiza

El turó de la Rovira té les millors vistes de Barcelona. No és un espai gaire transitat ni que conegui molta gent. I té un futur molt incert. O potser no tant: les cases van a terra, incloent les dels anys 20, i les plataformes per canons antiaeris que hi trobem al cim es museificaran. La raó que dóna l’ajuntament per dur a terme la reforma urbanística és la necessitat d’una gran zona verda i de connectar els parcs de la zona, en un procés que no ha destacat precisament pel seguiment que n’han fet els mitjans.

Aquest espai ha tingut successives ocupacions. Des de poblacions ibèriques abans de l’època romana, fins a un castell o casalot durant època medieval i moderna, del qual encara es conserva un mur. Durant la guerra, quan Barcelona era esclafada per l’aviació feixista, s’hi van construir uns antiaeris per defensar la ciutat. Acabat el conflicte, van quedar abandonats, i les barraques els ocuparen completament, en una zona que seria coneguda com “Los Cañones”. En els primers minuts d’aquest premiat documental de TV-3, unes antigues veïnes ho expliquen molt bé. Els terres de rajola encara estan a la vista. Amb l’enderrocament de les barraques, previ als Jocs Olímpics, els subsòls dels antiaeris van quedar colgats de runa, que successius camps de treball internacionals han anat netejant, amb el recolzament de l’associació de veïns.

És especialment recomanable anar-hi un diumenge de bon matí, o un dia assoleiat passada la pluja que s’endú la contaminació de la ciutat. Si espereu a l’estiu, potser podeu assistir a la sessió chill-out annual, durant la Festa Major de Can Baró. Autènticament delirant. Si hi aneu, sigui des del Carmel o a través del Parc del Guinardó, o amb el bus 28 (darrera parada), les tapes del bar Delicias són una visita obligada pels lectors de Juan Marsé (i per a la resta també).

Els habitants del Turó de la Rovira no són els més sofisticats ni els més rics de la ciutat, però tenen tants drets com la resta. No representen gaires vots, i potser per això el ressò de les seves protestes ha estat limitat. Molts vam descobrir fa pocs anys que estaven allà; altres prefereixen ignorar-ho. Resulta estrany pensar que unes cases que porten més de 50 i 60 anys allà, sense que la ciutat se n’adonés, siguin ara incompatibles amb un parc. Això sí: amb la unió dels zones verdes i l’enderrocament d’altres habitatges, els turistes del park Güell ja hi podran arribar sense espantar-se. Fins i tot es podrà posar un nom al mirador, i ja l’ha pensat algú: “El cel de Barcelona”. Molt més adequat als temps que corren que no pas “Los Cañones”. La resta, feina pels arquòlegs del futur. Els antiaeris corren el risc de quedar-se sols i immaculats. Amb el guarda de seguretat de torn, és de suposar.

Luis Hernández, un poeta que se adelantó a su tiempo

Jorgehipster

“A todos los prófugos del mundo
a quienes quisieron contemplar el mundo,
a los prófugos y a los físicos puros, a las
teorías restringidas y a la generalizada.
A todas las cervezas junto al mar.
A los que, en el fondo, tiemblan al ver un guardia.
A los que aman a pesar de su dolor y el dolor que el tiempo hace florecer en el alma.”

Luis Hernández (de: La Avenida del Cloro Eterno)

“A mí lo que más me gusta en la vida es el serrín, los bares, el mar, y las esquinas y nada más”. Con estas palabras respondió el poeta Luis Hernández (Lima 1941-Buenos Aires 1977) a un sorprendido periodista argentino en una entrevista que éste le hizo en 1975. Si vamos a hablar sobre poesía latinoamericana de la buena, tengo el deber de hablar sobre Luis Hernández. Debo reconocer que me resulta difícil hablar objetivamente sobre él pues es alguien por quien siento una desvergonzada adoración. Ya han pasado más de diez años desde que quedé deslumbrado al leer por primera vez su poesía, ha llovido mucho desde aquellas tardes en que El Capitán Dexter me enseñaba la fórmula matemática de un amor irracional.

Luis Hernández Camarero nació en Lima en 1941. Fue médico de profesión y poeta por necesidad de una terapia vital que no encontró en la medicina. Si se habla de él como uno de los representantes más singulares de la poesía marginal peruana, creo que esta condición no la buscó, sino que le llegó por pertenecer a un mundo diferente; un mundo dotado de una sensibilidad demoledora y ajena a lo establecido; un mundo que despierta bajo la luz mortecina y el humo enrarecido de los bares; un mundo candoroso, juguetón y al mismo tiempo irreversiblemente trágico, y que late adolorido en la orilla de una playa solitaria. Lucho (como popularmente se le conoce) sólo llego a publicar en vida tres poemarios: Orilla (1961), Charlie Melnik (1962) y Las Constelaciones (1965). Para luego alejarse de las editoriales y diseminar su obra, siendo fiel a su espíritu libre, pues redacta a mano sus versos en sencillos cuadernos escolares, los que regala a distintas personas de acuerdo a su estado de ánimo o las circunstancias de cada momento. Por aquellos años muchos peruanos se preguntaban: ¿Es esto poesía? La irreverencia e iconoclasia con que Lucho dinamitaba las formalidades poéticas imperantes eran algo inédito: “What’s that flower you have on?/Could it be a faded rose from days gone by/Cada día escribo peor/El inglés. Ma lo parlo/Y la peor gestión/Es la que no se realiza/¿Es esto poesía?/Oui”. Escribió en “El Elefante Asado”, uno de sus más célebres cuadernos. Cuadernos de poemas que estaban escritos con una bella caligrafía y adornados con extravagantes dibujos, pero además de esta voluntad desprendida y ológrafa, la poesía de Hernández es juguetona, irónica, ágil y sencilla pero detrás de esa sencillez se esconde una sorprendente imaginación y un magistral domino de los giros estilísticos y verbales. Lucho escribió en sus cuadernos hasta en seis idiomas; combinó ensayo, narración y poesía, insertó recortes de periódicos, versos de otros poetas, utilizó diversos alter-egos relativizando las identidades, escribió diversas versiones de un mismo poema, se auto-plagió. Era capaz de insultar cariñosamente a Ezra Pound, de insertar versos de Dylan Thomas o declarar su devoción por Lord Byron: “Qué te diré, sinvergüenza/Compañero, yo también/Oculté mi tristeza/Y que, sabemos/Cómo te plagio, Lord/Como no sea quizá/Que hemos nacido/Para el morir/Eso que llaman muerte/¿La venceremos, Byron?/Yo creo que mejor/Bebemos por la poesía”. Su poesía es pues fragmentaria y está en constante mutación, es una múltiple proyección de facciones sensitivas para vencer la angustia existencial.

En 1977, Lucho decidió ir a Buenos Aires, para tratarse en una clínica especializada de una enfermedad mental y la adicción a las drogas. Una tarde de octubre de dicho año, se encontró voluntariamente con un tren en las afueras de la capital argentina y murió arrollado, escribiendo su último poema. Y aunque Lucho nos dejó pronto, a más de treinta años de su desaparición, su leyenda ha crecido enormemente, sus versos van consiguiendo un merecido reconocimiento, el cual no tuvieron en su momento, al punto de surgir la imperiosa necesidad de recopilar gran parte de su dispersa obra en una publicación que gracias al esfuerzo de muchos amigos y admiradores, se ha editado bajo el título de: “Vox Horrísona” (última edición publicada por editorial Fenix en el año 2007). Y que es una de las mejores terapias a las que he sido sometido para vencer aquello que tú, viejo compañero, intentaste, pero ya ves viejo, ché’ su madre, el milagro se oculta entre lo oscuro. Duramente recuerdo tus poemas, viejo fioca, mi amigo inconfesable.

Nota: Parte de los cuadernos de Lucho Hernández están disponibles online, al haber sido digitalizados por la mágnífica página de la biblioteca de la PUCP: http://www.pucp.edu.pe/biblioteca/luis_hernandez/lh_flash.html … continue reading this entry.

Lucybell, el sonido melancólico de Chile

La primera vez que escuché a Lucybell, fue en una fiesta subterránea que organizó un amigo, en Trujillo, Perú en el 97, me acuerdo que me impactó el tema “Viajar”,  pues sonaba a Cocteau Twins pero con voz masculina, rápidamente pregunté por el nombre del grupo y gracias a este colega me grabé el CD del mismo nombre. Fue así como este álbum de 12 temas llegó a mis manos y fue el comienzo de una adoración hacia el que considero el mejor grupo chileno de rock alternativo.

Lucybell se formó a inicios de los 90′s en Santiago de Chile e inicialmente estuvo formado por Marcelo Muñoz (bajo) Claudio Valenzuela (Voz y Guitarra) Gabriel Vigliensoni (teclados) y Francisco González (Batería). En 1995 lanzaron su primer álbum titulado: ” Peces”, un trabajo que los daría a conocer en los círculos alternativos chilenos, donde destacan los temas “Cuando Respiro en tu Boca” y “Vete” , con notorias influencias de: The Cure, Cocteau Twins y My Bloody Valentine; pero a su vez mostrando un estilo particular de voces melancólicas y letras crípticas que posteriormente en su segundo álbum: “Viajar”, desarrollarían magistralmente y los daría a conocer fuera de las fronteras chilenas. Temas como “Viajar”, “Ver” y “Tropezar al Andar”; destilan una melancolía abrumadora, por momentos furiosa, son canciones llenas de reflexión y dolor. Dos años después sacarían el tercer álbum “Lucybell” , el cual tuvo una fría recepción y marcó el alejamiento de Marcelo y Gabriel de la banda,  pero personalmente creo que éste es su disco más íntimo, con un sonido plenamente afianzado en las coordenadas de la oscuridad existencial y una alucinante capacidad para crear potentes alegorías sonoras. “Flotar es Caer” es una buena muestra de ello. En el 2000 con la entrada de Eduardo Caces en el bajo, lanzan: “Amanece”, el álbum transición de la banda, donde incorporan sonidos electrónicos y los arreglos son más trabajados, notándose una madurez musical y compositiva sorprendente. El ahora trío chileno nos dejó con la boca abierta con 12 temas, cada uno con su propia personalidad, no sólo ya moviéndose en la oscuridad, sino también, alcanzando una lucidez demoledora en un flujo continuo de sentimientos y sonidos que hacen desear tocar una y otra vez el disco completo. Luego tuvimos que esperar 4 años para saber de su quinto álbum: “Lúmina”, un disco que a mi parecer es el más flojo, donde pierden fuerza compositiva, repitiendo fórmulas del pasado, sin alcanzar los niveles del “Amanece”.  Francisco Gonzáles dejaría la banda al poco tiempo y en su lugar entraría José Miguel Foncea, y en el 2007 lanzarían su último álbum: ” Comiendo Fuego”, un disco que marca un cambio de estilo en la banda  hacía un rock más directo, con una mayor presencia de guitarras y ritmos más acelerados. Seguimos esperando novedades del trío chileno que actualmente radica en México, y cuenta con una carrera que los sitúa como una de las bandas alternativas más importante de Latinoamérica.

Ahora echo de menos aquellas fiestas en las que “viajar” era más que el nombre de un disco, pero al menos sé que algo de todo aquello ha sobrevivido, el disco está dentro de la mini-cadena, sólo tengo que presionar play.

Si queréis escuchar algunos temas de Lucybell aquí tenéis su myspace

Otros mundos delirantes: Lima sigue rugiendo

En Lima rugían voces de descontento, era Julio del 85 y la ciudad gris era hostil; Sendero Luminoso avanzaba devastadoramente por sus calles, reventaban los primeros coches bomba, cualquier tarde, quebrando los cristales de los edificios, rompiendo en mil pedazos la precaria armonía de una ciudad llena de sombras; mientras Alan García seguía prometiendo acabar con la pobreza en pomposos discursos y la hiperinflación amenazaba con desencadenarse. Ahí estaba Wicho, metido en uno de esos departamentos “burgueses” del distrito de Miraflores, trabajando sin descanso con una pequeña mini-cadena Sony mezclando lo que sería la maqueta de los “Narcosis”, el primer gran grupo subterráneo del Perú; Wicho era el vocalista y líder del trío que lo completaban “el Cachorro” en la guitarra y Jorge “Pelo” Madueño en la batería; el día anterior habían tenido que salir corriendo del escenario pues la policía no les dejo terminar “Sucio Policía Verde” tema que obviamente habla “cariñosamente” del cuerpo policial, pero a pesar de la represión, la maqueta vería la luz unos meses después, pese a que el grupo se separaría al cabo de poco más de un año.

Juntarse no fue tan difícil, se conocieron en los conciertos, porque en la Bella Horrible por esos años llevar camisetas de Gang of Four o Sex Pistols e ir a conciertos de bandas de rock era como ser un exiliado; y así las circunstancias determinaron el nacimiento de una escena de la cual Narcosis fueron el inicio, una camada de grupos que necesitaban la música como forma de expresar una realidad asfixiante, una explosiva sociedad en la cuál no tenían lugar, una caótica ciudad que los miraba como hijastros fue el marco ideal para el surgimiento de todo un movimiento subterráneo donde lo más importante no era saber tocar, lo que importaba era expresar lo que quemaba, vomitar la furia que llevaba pidiendo permiso en las entrañas. La filosofía punk del “hazlo por ti mismo”, cobraba una fuerza poderosa en una ciudad sumida en el desencanto. Entonces las esperanzas de formar un circuito propio de producción y distribución nacieron, y la capital peruana vivió dos años frenéticos de conciertos y lanzamientos de maquetas artesanales, lamentablemente el tan ansiado sueño de cristalizar una escena independiente no se concretó, el circuito comercial tomó el control por un lado, y los grupos más arriesgados terminaron desintegrándose o formando proyectos diferentes. Pero el tiempo nos enseña que es lo que trasciende y ha marcado de alguna manera nuestra vida. ¿Quién les diría a los Narcosis que 15 años después se editaría en CD la mítica maqueta que siempre circuló alternativamente?  Pero que de mano en mano, inundó miles de habitaciones de nuevos oyentes con alaridos y distorsión, y que a comienzos del 2000 nacería una nueva ola de grupos subterráneos no sólo en Perú sino también en otros países latinoamericanos, reconociéndose deudores de Narcosis, con una vitalidad y fuerza que recuerdan directamente a los salvajes ochentas.

El legado de aquel movimiento está vivo en las noches de Barranco y Los Olivos, no hace falta más que pasarse por algún antro de estos barrios para entender su vigencia. Pero aunque ahora los grupos sean más estilizados y Narcosis sea una leyenda underground, la verdad como dice Wicho tristemente, “las canciones de Narcosis parecen escritas ahora, sus letras nos escupen en la cara que la realidad, esa que en ese entonces nos hizo despertar y vociferar, sigue siendo de alguna manera la misma”.

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