
Barcelona era una fiesta (Underground 1970-1983)
Dir:Morrosko Vila-San-Juan
Int:Pau Riba,Mariscal,Nazario
Nota: 7
Jorgehipster
“La cultura que ens ha arribat i ens venen no serveix. Això és una puta merda. Estem anant contra el iceberg…bé doncs, proposem una contracultura”. Con estas palabras, Pau Riba nos explica la efervescencia transgresora que se vivió en Barcelona a partir de los últimos años de la dictadura. Lo hace dentro del documental dirigido por Morrosko Vila-San-Juan: Barcelona era una fiesta (Underground 1970-1983). Film que abrió la última edición del festival internacional de cine y documental musical In-Edit.
Acudí con una gran expectación a ver el documental, pues para ser franco, no conocía prácticamente nada sobre la contracultura en la Barcelona de aquella época, teniendo en cuenta que crecí y me pervertí con la contracultura peruana. Es más la pregunta: ¿Realmente existió? Rondaba mi cabeza. Grande fue mi sorpresa cuando me encontré dentro de una sala abarrotada por un público variopinto, aunque mayoritariamente “gafapasta”. El documental se constituye en uno de los primeros intentos por explicar el fenómeno contracultural catalán, echando mano de imágenes inéditas que nos acercan a las distintas vertientes que desarrolló. Recurriendo al testimonio de voces autorizadas de la época, desfilan imbuidos de una estética fanzine, además del ya citado Pau Riba: Mariscal, Nazario, Pepe Ribas, Onliyú, Miguel Gallardo, Quim Monzó, Ramón de España, entre otros. Y en casi una hora de metraje, nos van contando la vida y milagros de un grupo de jóvenes que estaban dispuestos a dinamitar sin contemplaciones la cultura oficial del franquismo y que transitaban fascinados entre las repercusiones del mayo francés y el hipismo norteamericano, haciendo una escala obligatoria en Formentera como requisito indispensable para cambiar el uniforme de colegio católico por los pantalones de campana y la estrella negra. Encontrando en el festival Canet Rock y las Jornadas Libertarias del 75 al 77 el inicio de un viaje desbocado que en sus alucinados ojos hará brillar publicaciones como Star, Disco Exprés, Ajoblanco, etc. Aquellas noches interminables donde Zeleste fue el epicentro de una fiesta donde el mundo se reinventaba al son del punk y la psicodelia, y donde la ingenuidad bailaba de una manera tan frenética que incluso parecía experta, y allí envalentonada se lanzó a las calles para convertirlas en un delicioso cabaret. Esa fiesta en la que el sexo libre y un amplio espectro de drogas parecían afirmar la libertad. Donde los valores libertarios sedujeron a más de uno y que a comienzos de los ochenta chocaría con el muro de concreto levantado por la oficialidad dictada por la transición.
Al escuchar los aplausos del respetable, pensé que ya no era un ignorante en la materia, pero también me queda la sensación que el material audiovisual recopilado, además de ser un punto fuerte por lo inédito, también termina condicionando en gran medida una limitada exploración de todas la manifestaciones del fenómeno al no ser muy variado, y que la estética propuesta sin ser errada, podría haber sido más visceral, pues terminamos asistiendo a una contemplación nostálgica por parte de los supervivientes de dicho movimiento, menospreciando las posibilidades narrativas de un film que transpire iconoclasia en todos los sentidos, leyendo entre líneas la trascendencia del movimiento. A pesar de ello, salí emocionado del cine y agradecido de la experiencia, pensando en las prohibiciones que gobiernan la ciudad condal de nuestros días, en su insípida sofisticación, en el comportamiento artificioso de muchos de sus habitantes. Allí, en la salida, vislumbré lo auténtico, estaba reconstruido y a la vez dinamitado.

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